SEÑOR POLÍTICO, ES CON USTED

Sí, es con usted. No importa si es usted el Presidente de la República, senador, diputado, ministro o gobernador con gran autoridad y protagonista de espectaculares giras internacionales, galas diplomáticas y fiestas palaciegas, o un sencillo funcionario municipal que recibe un magro salario con el que apenas puede aliviar los gastos mensuales de su familia. Tampoco importa si llegó usted allí en defensa de las ideas tradicionales y conservadoras o con grandes promesas sociales, en nombre de los humildes de la tierra. Es con usted.

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¿Ha escuchado usted alguna historia de los desiertos de la frontera que divide a México de Estados Unidos? ¿Sabe dónde está situado el Estrecho de la Florida? ¿Le han contado lo que ocurre en el Canal de la Mona? ¿Tiene alguna idea de la vida de los “sudacas” en España?

Usted es político, y por tanto sabe que América Latina es una región privilegiada por tener extraordinarios recursos naturales. Petróleo, destinos turísticos, minas, ganadería, agricultura y un capital humano laborioso y emprendedor, son sólo algunas cualidades de esta región bendecida, en la que habitan 500 millones de personas, la inmensa mayoría con un idioma, una cultura y una historia común. Sin embargo, aproximadamente 167 millones de latinoamericanos, o el 28 por ciento de la población de América Latina, viven por debajo de la línea de pobreza, según el Panorama Social de América Latina 2014 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). De ese total, 71 millones de personas viven en la extrema pobreza.

En todo el mundo hay 854 millones de personas que sufren de hambre, 52 millones de ellas viven en América Latina, según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Si bien esto representa una reducción para Latinoamérica, porque había 59 millones entre 1990 y 1992, de cualquier manera significa el 6 por ciento de las personas malnutridas del mundo y el 11 por ciento de la población latinoamericana.

¿Estos datos significan algo para usted? Quizás estos datos lo ayudarán a comprender mejor las historias de muerte en los desiertos fronterizos, los miles de ahogados en las peligrosas aguas del Estrecho de la Florida o el Canal de la Mona, y la vida tal vez más afortunada de los “sudacas” de España.

Si en sus años de trabajo como funcionario público usted hizo algo para evitar todo lo anterior, lo felicito. Usted no es la regla, usted es la excepción. Mucha gente se pregunta por qué los que conforman la regla no se avergüenzan. Hay siempre una excusa a mano: América Latina fue colonizada por España durante más de 300 años; las potencias mundiales han saqueado los recursos naturales del continente; el neoliberalismo nos ha sumido en la miseria; nos imponen condiciones injustas de comercio.

Mi amigo, en un rincón del norte de Europa hay un pequeño país que se llama Finlandia. Tiene poco más de cinco millones de habitantes. No se independizó en el siglo XIX, si no en 1917. Hasta entonces había sido un ducado del Imperio de los Zares de Rusia. Entre 1917 y 1918 sufrió una horrible guerra civil. Se le trató de imponer un sistema monárquico, con un rey alemán. La derrota alemana en la Primera Guerra Mundial permitió a ese pequeño país convertirse en una república. Entre 1939 y 1945, cuando se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial, Finlandia debió librar tres guerras, dos contra el imperio comunista soviético de Joseph Stalin y una contra el imperio alemán nazi-fascista de Adolfo Hitler. Su tratado de paz con Moscú en 1940 la obligó a ceder a los rusos tres regiones que componían el 10 por ciento de su territorio, donde operaba el 20 por ciento de su capacidad industrial. Cuatrocientos mil finlandeses tuvieron que evacuar esos territorios. En total, medio millón de finlandeses estuvieron emigrando, principalmente hacia Suecia, hasta la década de 1970. Pero su democracia y su economía se han estado fortaleciendo constantemente desde entonces, al punto de que se ha convertido en una nación receptora de inmigrantes de la antigua Unión Soviética, con minorías étnicas que hablan 20 idiomas diferentes. Hoy día, Finlandia es un país altamente industrializado, con una sólida economía de mercado, cuyos habitantes tienen un ingreso per capita de 40.455 dólares al año. El país ha sido por años la segunda economía más competitiva del mundo, después de Suiza. Le siguen Suecia, Dinamarca, y oiga esto, Singapur, que es uno de los pocos países que saltó al primer mundo en décadas recientes.

Por favor, no me repita el cuento de las diferencias culturales que hacen imposible funcionar como Finlandia, Suiza o Singapur. No ofenda usted a la cultura hispanoamericana. No me decepcione. Ayúdeme a respetar su inteligencia. La única diferencia es que los políticos finlandeses tienen una extraordinaria vocación de servicio público y capacidad cero para la corrupción. Pero si el ejemplo de Finlandia le parece demasiado lejano, vea usted el ejemplo de Chile, un país como el suyo, latinoamericano, hispánico. Chile es hoy día la economía más competitiva de América Latina. ¿Sabe usted por qué? Porque los gobiernos democráticos chilenos han trabajado con los más bajos niveles de corrupción de la región, es decir con transparencia de primer mundo, en medio de políticas sociales sustentadas por una sólida economía de mercado e instituciones respetables y respetadas.

En una de sus muchas indagaciones, hace cierto tiempo, la cadena británica de televisión BBC comisionó a la firma Gallup una encuesta entre 50 mil personas de 68 países. Participaron 14 naciones de América Latina. La idea era conocer los anhelos y las frustraciones de la gente. Le tengo una mala noticia: en América Latina, sólo el cuatro por ciento de los encuestados confía en usted.

Pero veámoslo de otra manera. No tiene por qué ser así. Usted, con su conducta, puede ayudar a cambiar la percepción que los latinoamericanos tienen de los políticos. Es decir, de usted. No olvide los ejemplos de Finlandia, de Singapur, y otros que usted conoce como los de Canadá o Taiwán, Australia o Corea del Sur. No se esfuerce más allá de lo necesario. Simplemente, usted y sus colegas hagan lo que hicieron los políticos de los países que han tenido éxito. Punto.

(Hernández Cuéllar, autor de la columna Cafe Impresso, es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Es también autor del libro ¡Última hora! – Manual para el consumidor de noticias de la era digital. Desde 1981 ha trabajado en todo tipo de medios: agencias de prensa, diarios, radio, televisión, semanarios, internet, revistas y redes sociales. Fue redactor de la agencia EFE en Cuba, Costa Rica y Estados Unidos, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles, California, e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA).

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